Musicoterapia

La Musicoterapia es una práctica terapéutica en la que se utiliza música y diferentes derivados (melodía, armonía, rítmica y sonidos) para el tratamiento de enfermedades físicas, psíquicas y para tratar problemas de aprendizaje, comunicación o socialización del paciente. Esta disciplina debe llevarse a cabo por un musicoterapeuta, es decir, una persona especializada en Musicoterapia, y puede estar dirigida hacia una sola persona o hacia un grupo.

En una sesión típica de Musicoterapia se utilizan grabaciones musicales, instrumentos musicales, la propia voz y otros elementos que permiten hacer sonidos. Esta disciplina tiene procedimientos específicos para que el Musicoterapeuta pueda analizar si el tratamiento se realiza de manera correcta y si se obtienen los resultados previstos. Entre las acciones más básicas está que el Musicoterapeuta analice procesos como la improvisación musical, la imaginación del paciente frente a un tema musical determinado y la técnica vocal que emplea al cantar. Mediante estos elementos, el Musicoterapeuta evalúa cuales son los cambios que experimenta el paciente al desarrollar las actividades y de esa manera analiza cómo evoluciona el tratamiento.

Este tipo de terapia puede utilizarse en niños, adultos o personas de la tercera edad que no evidencien ninguna patología. Sin embargo, está especialmente indicada para personas que tienen alguna discapacidad (ya sea física, mental o sensorial), o personas que padecen enfermedades mentales de distinto tipo y grado (ya sean leves, moderadas o graves).

La musicoterapia puede ser un complemento para personas que padecen adicciones al tabaco o al alcohol, bulimia, anorexia, artritis, artrosis, asma, depresión, distrofia muscular, HVI, autismo, ataques de pánico, enfermedades cardiorrespiratorias, cáncer, mal de Alzheimer, cuidados paliativos para pacientes terminales, embarazos arriesgados, trastornos de personalidad, epilepsia, parkinson, esquizofrenia, fobias en general, tics nerviosos, problemas de la mujer para quedar embarazada, parálisis cerebral, enfermedades de la tercera edad, neurosis, psoriasis, estrés o síndrome de down, entre las más comunes. Además se suele utilizar la Musicoterapia para casos “sociales” tales como el tratamiento de las personas que han sido abusadas sexualmente o como tratamiento para los traumas que tienen aquellos que están viviendo en la calle.

Se puede aplicar la Musicoterapia a cualquier persona, sin necesidad de que conozca de música. En una sesión de Musicoterapia no se utilizan tipos de música específicos sino que se trata de utilizar aquellos estilos que generan bienestar al paciente.

Un tratamiento de Musicoterapia debe realizarse en centros de rehabilitación, hospitales, clínicas, geriátricos o escuelas, entre otros. Aunque aquellos que practican esta terapia consideran que la música por sí sola no puede curar, sí creen que la terapia con música puede generar ciertos efectos positivos en el cuerpo, tales como:

  • Desacelerar el proceso de respiración. Una respiración lenta contribuye al control de las emociones y a la relajación, permitiendo que se aceleren los procesos metabólicos del organismo.
  • Controlar la presión arterial. La música lenta y a poco volumen puede ayudar a que se sincronicen las pulsaciones con el propio ritmo, promoviendo la relajación corporal.
  • Liberar las tensiones musculares. La música suave y sin estridencias y con ritmo pausado ayuda a mantenerse relajado, ya que las tensiones se liberan gracias a la vibración musical.
  • Controlar la temperatura corporal. La música estridente suele aumentar la temperatura mientras que la música lenta la disminuye.
  • Producir endorfinas. Una buena sesión de Musicoterapia promueve el desarrollo de las endorfinas, más conocidas como los sedantes naturales que genera el propio cerebro. Ese estado de bienestar general suelen aumentar el sistema inmunológico y actuar como analgésico natural para el dolor.